Icemos la Bandera de la Esperanza
La propia historia de la Bandera Nacional trae a la memoria los desencuentros que han caracterizado nuestro recorrido como nación.
Izar la bandera y cantar el himno son actos simbólicos muy importantes y que no deben obviarse. No obstante, no alcanza con tales gestos para vivir la argentinidad, entendida ésta como el amor y el respeto a la Patria, espacio geográfico y cultural que nos identifica, cobija y hermana bajo el mismo objetivo de grandeza que soñaron los Padres fundadores. Ese deseo original y vigente demanda alejar del horizonte el doloroso espectáculo de la pobreza y la exclusión por un lado, y la opulencia y la concentración por el otro. La inequidad es un severo condicionante que dinamita el anhelo de concretar una verdadera comunidad.
Defender los colores celeste y blanco requiere responsabilidad, austeridad, humildad y convicciones. Exige enarbolar, junto a la bandera, los valores supremos que hacen a la convivencia social: amor, justicia, paz y solidaridad. Avanzar en esta dirección constituiría una señal inequívoca del tránsito hacia una ciudadanía con genuina vocación de construir una Nación que abandona el egoísmo y se focaliza en el bien común.
Eduardo Spósito Secretario Honorario |
| Osvaldo Pérez Cortés Presidente |
| Norberto Rodríguez Secretario General |