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jueves, 9 de febrero de 2012
jueves, 22 de diciembre de 2011
jueves, 8 de septiembre de 2011
miércoles, 17 de agosto de 2011
viernes, 3 de junio de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
sábado, 23 de octubre de 2010
miércoles, 29 de septiembre de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
Elias Meta
Socios con trayectoria y compromiso institucional
-De Pinzón y Patricios a Guardavida-
Alrededor de 1964, Elías trabajaba en un emprendimiento familiar de indumentaria deportiva en un local ubicado en Pinzón y Patricios, en el barrio de La Boca. Enfrente funcionaba una fábrica de guardapolvos cuyo dueño era un recordado asociado de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, participante regular de la clase de gimnasia y fútbol de los miércoles y viernes a las 18,20 hs en la sede central: Roque Naccas.
Roque, con el entusiasmo propio de quién brinda lo mejor a un amigo, convenció a Elías para que se integrara al grupo de fútbol de dicho horario. Así lo hizo, y no sólo disfrutó del juego y del grupo que se conformó, sino que también se animó con la clase de gimnasia con piano previa al fútbol. Para concluir la jornada un chapuzón en el natatorio principal de la institución.
Se siente orgulloso de haberse graduado a mediados de los años 70´ como Guardavidas e Instructor de Natación en los cursos que brinda la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Recuerda muy bien a su profesor: Oscar Carlevaro.
Elías tuvo una activa participación en otra importante institución social: el Club Atlético Sefaradí Argentino (CASA). Ejerció la presidencia durante el período 1976 al 1980. Allí impulsó diferentes actividades, entre ellas intercambios deportivos y sociales con la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. También aportó su colaboración al Museo del Holocausto.
Además de haber concurrido con su familia en varias ocasiones a los distintos centros turísticos de la Asociación, aprovechando su participación en un curso para dirigentes institucionales en la Universidad de Tel Aviv tuvo la oportunidad de visitar la YMCA de Jerusalém (Estado de Israel). Esta experiencia lo ayudó fuertemente a comprender y consustanciarse con el sentido universal y plural de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA.
Hoy, retirado ya de sus obligaciones laborales, disfruta cotidianamente con su esposa Evelyn de la rutina de la actividad física en los gimnasios y natatorios de la Asociación. No ceja en su afán de lograr reconocimiento a sus condiciones de cantor en el vestuario de caballeros de la sede central.
Cuando se le invitó a que comentara acerca de lo mucho o poco que le pudo brindar hasta ahora la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, respondió: “miren, no es sencillo enumerarlo, pero les voy a contar algo íntimo que creo refleja por sí solo lo que siento por la institución. En un momento de mi vida, debido a problemas personales consulté a un terapeuta. En una de las sesiones me comentó que para salir de lo reiterativo de estar hablándole siempre de cosas tristes pensara algo lindo, que no fuera algún acontecimiento familiar, para trabajarlo en la próxima sesión. Al concurrir a ésta, le manifesté que lo más gratificante para mi era haberme asociado a la Asociación, donde pasaba mis mejores momentos. El terapeuta quedó tan impresionado que me pidió que lo llevara a conocer la institución”.
-De Pinzón y Patricios a Guardavida-
Roque, con el entusiasmo propio de quién brinda lo mejor a un amigo, convenció a Elías para que se integrara al grupo de fútbol de dicho horario. Así lo hizo, y no sólo disfrutó del juego y del grupo que se conformó, sino que también se animó con la clase de gimnasia con piano previa al fútbol. Para concluir la jornada un chapuzón en el natatorio principal de la institución.
Se siente orgulloso de haberse graduado a mediados de los años 70´ como Guardavidas e Instructor de Natación en los cursos que brinda la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Recuerda muy bien a su profesor: Oscar Carlevaro.
Elías tuvo una activa participación en otra importante institución social: el Club Atlético Sefaradí Argentino (CASA). Ejerció la presidencia durante el período 1976 al 1980. Allí impulsó diferentes actividades, entre ellas intercambios deportivos y sociales con la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. También aportó su colaboración al Museo del Holocausto.
Además de haber concurrido con su familia en varias ocasiones a los distintos centros turísticos de la Asociación, aprovechando su participación en un curso para dirigentes institucionales en la Universidad de Tel Aviv tuvo la oportunidad de visitar la YMCA de Jerusalém (Estado de Israel). Esta experiencia lo ayudó fuertemente a comprender y consustanciarse con el sentido universal y plural de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA.
Hoy, retirado ya de sus obligaciones laborales, disfruta cotidianamente con su esposa Evelyn de la rutina de la actividad física en los gimnasios y natatorios de la Asociación. No ceja en su afán de lograr reconocimiento a sus condiciones de cantor en el vestuario de caballeros de la sede central.
Cuando se le invitó a que comentara acerca de lo mucho o poco que le pudo brindar hasta ahora la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, respondió: “miren, no es sencillo enumerarlo, pero les voy a contar algo íntimo que creo refleja por sí solo lo que siento por la institución. En un momento de mi vida, debido a problemas personales consulté a un terapeuta. En una de las sesiones me comentó que para salir de lo reiterativo de estar hablándole siempre de cosas tristes pensara algo lindo, que no fuera algún acontecimiento familiar, para trabajarlo en la próxima sesión. Al concurrir a ésta, le manifesté que lo más gratificante para mi era haberme asociado a la Asociación, donde pasaba mis mejores momentos. El terapeuta quedó tan impresionado que me pidió que lo llevara a conocer la institución”.
lunes, 14 de junio de 2010
Eduardo Spósito
Socios con trayectoria y compromiso institucional
De La Boca a Ginebra
En 1968, a los 11 años, Eduardo Spósito ingresó a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Su madre eligió la institución para “sacarlo” de la calle. Vivían en el barrio de La Boca y las travesuras del niño hicieron que su mamá quisiera para él otras compañías. Hoy es un ingeniero exitoso y manager regional de una gran empresa internacional.
Los martes, jueves y sábados Eduardo venía regularmente a la Asociación y participaba de las actividades de la entonces División Cadetes (hoy, área de Liderato, Niñez y Adolescencia). A los 15 años comienza a participar en la Escuela de Líderes y a trabajar mucho como voluntario. Se vinculó rápidamente a la comisión de Jóvenes de la institución y en muy poco tiempo ocupó la presidencia de la misma. Ya, para entonces, había descubierto las características más íntimas y distintivas de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA.
En 1978, el secretario general le encomienda a Eduardo la dirección de la primera temporada de invierno del centro turístico YMCALIHUE, en Bariloche, que había sido recientemente adquirido por la institución. Fue el primer voluntario joven a quien se le confiaba tamaña empresa. Recuerda Eduardo que ese fue un invierno duro y las estufas no alcanzaban. Las que habían sido adquiridas quedaron en el transporte que debía trasladarlas desde Buenos Aires. Hoy es una anécdota y en aquél momento un drama.
Siendo muy joven comenzó su trayectoria internacional en la institución, siempre como voluntario. Fue elegido para integrar el Comité Ejecutivo de la Alianza Mundial de Asociaciones Cristianas de Jóvenes, con sede en Ginebra, Suiza, como uno de los representantes de América Latina. A la pregunta sobre qué le dejó la participación en la vida internacional de la YMCA, responde: “me dio una visión del mundo y experiencias que me permitieron ser lo que soy hoy. Me dejó amigos entrañables, historias inolvidables y un agradecimiento eterno a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA”
Cuando se lo indaga acerca de las diferencias entre la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y otras instituciones, señala: “yo fui muy afortunado porque conocí muchas cosas a través de mi vida con la institución. Creo que la gran diferencia que tiene la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA es que te forma a través de vivenciar muchos valores que otras instituciones no tienen. A la vez, la formación que te da la YMCA es compatible con lo que expresa su emblema: eleva tu alma, cultiva tu mente y fortalece tu cuerpo.”
Al interrogarlo acerca de la influencia de la YMCA en su formación, expresa: “siempre digo que soy lo que soy y actúo como actúo porque una vez me llevaron a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. La institución fue un pilar de mi formación; tan importante como el ejemplo de mi familia, los colegios y Universidades donde tuve la suerte de ir.”
Concluye diciendo: “la inmejorable chance que tiene la Argentina para volver a ser un país en serio, es que la transformación se produzca a través del liderazgo de las organizaciones sociales. No tengo dudas de que quienes experimenten la suerte de llegar a instituciones como la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y comprometerse con sus valores, tienen muy cerca la posibilidad de liderar esa trasformación y hacer un mejor país para nosotros y para nuestros hijos. Pero para ello deben involucrarse. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA es el ámbito ideal para hacerlo.”
De La Boca a Ginebra
Los martes, jueves y sábados Eduardo venía regularmente a la Asociación y participaba de las actividades de la entonces División Cadetes (hoy, área de Liderato, Niñez y Adolescencia). A los 15 años comienza a participar en la Escuela de Líderes y a trabajar mucho como voluntario. Se vinculó rápidamente a la comisión de Jóvenes de la institución y en muy poco tiempo ocupó la presidencia de la misma. Ya, para entonces, había descubierto las características más íntimas y distintivas de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA.
En 1978, el secretario general le encomienda a Eduardo la dirección de la primera temporada de invierno del centro turístico YMCALIHUE, en Bariloche, que había sido recientemente adquirido por la institución. Fue el primer voluntario joven a quien se le confiaba tamaña empresa. Recuerda Eduardo que ese fue un invierno duro y las estufas no alcanzaban. Las que habían sido adquiridas quedaron en el transporte que debía trasladarlas desde Buenos Aires. Hoy es una anécdota y en aquél momento un drama.
Siendo muy joven comenzó su trayectoria internacional en la institución, siempre como voluntario. Fue elegido para integrar el Comité Ejecutivo de la Alianza Mundial de Asociaciones Cristianas de Jóvenes, con sede en Ginebra, Suiza, como uno de los representantes de América Latina. A la pregunta sobre qué le dejó la participación en la vida internacional de la YMCA, responde: “me dio una visión del mundo y experiencias que me permitieron ser lo que soy hoy. Me dejó amigos entrañables, historias inolvidables y un agradecimiento eterno a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA”
Cuando se lo indaga acerca de las diferencias entre la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y otras instituciones, señala: “yo fui muy afortunado porque conocí muchas cosas a través de mi vida con la institución. Creo que la gran diferencia que tiene la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA es que te forma a través de vivenciar muchos valores que otras instituciones no tienen. A la vez, la formación que te da la YMCA es compatible con lo que expresa su emblema: eleva tu alma, cultiva tu mente y fortalece tu cuerpo.”
Al interrogarlo acerca de la influencia de la YMCA en su formación, expresa: “siempre digo que soy lo que soy y actúo como actúo porque una vez me llevaron a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. La institución fue un pilar de mi formación; tan importante como el ejemplo de mi familia, los colegios y Universidades donde tuve la suerte de ir.”
Concluye diciendo: “la inmejorable chance que tiene la Argentina para volver a ser un país en serio, es que la transformación se produzca a través del liderazgo de las organizaciones sociales. No tengo dudas de que quienes experimenten la suerte de llegar a instituciones como la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y comprometerse con sus valores, tienen muy cerca la posibilidad de liderar esa trasformación y hacer un mejor país para nosotros y para nuestros hijos. Pero para ello deben involucrarse. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA es el ámbito ideal para hacerlo.”
martes, 1 de junio de 2010
Ricardo E. Suaya
Socios con trayectoria y compromiso institucional
Siguiendo los pasos de un puntero-
En su niñez y de la mano de su padre, quien fuera puntero de la clase de gimnasia del turno de los lunes, miércoles y viernes a las 21,00 hs, Elías conoció a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Observaba extasiado desde la galería del gimnasio principal de la sede central a ese grupo de hombres que disfrutaban de la clase, corriendo en zigzag y haciendo ejercicios cantando al compás de un piano. Dicha imagen, con la sonrisa de su padre mirándolo de reojo desde una transpirada colchoneta, aún perdura en su mente. En el año 1973, ya cumplidos los 13 años y con mucha ansiedad, obtuvo su carnet de socio de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. En poco tiempo se encontró promoviendo un ciclo de debates en el 5to. piso con la novedosa incorporación de niñas al mismo. Ya más crecido incursionó en el gimnasio de Pesas y Complementos, por ese entonces a cargo del prof. Eduardo Bargach. Recuerda que cuando vio esa mole musculosa casi no se anima a ingresar al gimnasio. Pero luego, la característica amabilidad de Eduardo fue una invitación a ponerse a lidiar con las pesas. Se sintió interesado por el fútbol, participando de los turnos nocturnos, donde como él mismo dice, aprendió a jugar sin pelota, esquivando mas los “guadañazos” de los defensores que el manejo del balón. Transcurridos los años y habiendo formado una familia, sus obligaciones lo llevaron a modificar los horarios. Fue así que se incorporó a la clase Alba. Recuerdos gratos, amigos que no se van, anécdotas varias, el teatro armado con discusiones ficticias en el vestuario para deleite de los “veteranos” y asombro de los “nuevos”, la polémica del día lunes sobre los resultados de los partidos de fútbol del domingo y el desayuno compartido. Todo esto lo atesora en un rincón privilegiado de su corazón. Con el paso del tiempo, sus rodillas le aconsejaron un deporte de menos contacto físico. Es así que comenzó su dedicación al voleibol en el turno del mediodía, espacio donde pasó a ser “El Turco”. De él, dicen las malas lenguas, hay que cuidarse cuando queda a cargo del tanteador. Mañana no sabe a qué actividad se dedicará, pero tiene muy claro que siempre encontrará una excusa para venir a la institución a confraternizar y a sentirse bien. Es una de las características que en definitiva distinguen a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Tratando de devolver un poco de lo mucho que le brindó la institución integra el grupo de colaboradores voluntarios de la misma. Es miembro del Club de Embajadores de la YMCA y del Comité del área de Jóvenes y Adultos. En la Asociación aprendió el significado de una mente y un cuerpo sanos y, por sobre todas las cosas, un espíritu sano. Aprendió también a respetar al prójimo, a ser buen compañero y a entender al deporte como un vínculo de unión y paz. A quienes andan escasos de tiempo les aconseja hacerse del necesario para poder dedicarse a uno mismo. La continuidad de la práctica deportiva, en todas las edades, ayuda a sentirse vigente y con la necesaria capacidad de seguir generando relaciones humanas virtuosas.
Siguiendo los pasos de un puntero-
jueves, 25 de marzo de 2010
Daniel Alfie
Socios con trayectoria y compromiso institucional
61 Años cultivando el respeto y la amistad
Daniel nació allá por el año 1929 en un pueblito de la provincia de Córdoba. Eran tiempos difíciles para la colectividad judía, más aún en el interior. Recuerda que en las fiestas de su tradición religiosa siempre era un problema cumplir con el descanso obligado: para poder cerrar el negocio en dicho período debían aducir que había algún familiar enfermo. A los 18 años, sus padres se radicaron en la Capital Federal con muy pocos recursos pero con un sólido objetivo: trabajar duro para forjar un porvenir para sus hijos. Así lo hizo también Daniel. Dio sus incipientes pasos como jornalero vendiendo sándwiches en los estadios de fútbol, lo cual le posibilitó juntar pequeños ahorros y con ellos sobrellevar sus primeros años de matrimonio. En octubre del año 1950, el profesor López Aguilar (docente en aquella época de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA), lo convenció de asociarse a la institución. Lo hizo, en primera instancia, motivado por la ilusión de aprender a nadar. Tan bien le fue y tan buenos profesores tuvo que al poco tiempo fue alumno del Curso de Guardavidas de la YMCA, del que egresó con excelente promedio. Su entusiasmo con la institución lo llevó rápidamente a colaborar en la enseñanza de natación a grupos de niños de la División Cadetes de la sede Central. Posteriormente, incursionó en gimnasia en grandes aparatos representando a la Asociación en exhibiciones que realizaban en diferentes clubes de Buenos Aires y en el interior del país. Reitera: “exhibiciones” y no competencia, pues el lema de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA era que la actividad se enfocaba hacia el beneficio físico y espiritual para quien la practicaba, y no a una mera competencia para demostrar la superioridad de unos sobre otros. También practicó pesas y complementos con el profesor Eduardo Bargach, del que guarda afectuosos recuerdos. Confiesa que cuando ingresó a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA tuvo alguna reticencia debido a su condición de judío. Sin embargo, la Asociación le demostró todo lo contrario: ha convivido con personas de diferentes credos, hizo muchos amigos, aprendió que la educación y el respeto son condiciones primordiales para la convivencia, y especialmente conoció a docentes que le enseñaron, por sobre la técnica, lo valioso de ser buena persona. Su agradecimiento por todo ello lo demuestra con los 61 años de asociado y con los otros 61 que piensa cumplir. No quiere dejar de destacar un gesto institucional en sus primeros años de asociado. Cuando su situación económica no le permitió abonar la cuota social por varios meses, la Asociación igualmente le mantuvo abierta sus puertas. El ejemplo sirvió para que hoy, ya con mejor pasar, esté siempre predispuesto a colaborar cuando se lo necesita. Siente que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA amalgamó en su persona valores éticos esenciales para la vida: respeto por el prójimo, solidaridad, humildad, transparencia y, fundamentalmente, querer a las personas por lo que son y no por lo que tienen.
61 Años cultivando el respeto y la amistad
María Belén Otero
Socios con trayectoria y compromiso institucional
De Caracoles a dirigente
Viniendo de una familia asociacionista, no fue extraño que María Belén comenzara a vivenciar a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA desde una edad muy temprana. Sus primeras actividades fueron con el grupo Caracoles (3 años) de la división Menores (hoy Área de Liderato, Niñez y Adolescencia) de la sede central.
A medida que fue ganando años y altura, la institución llegó a ser su natural lugar de encuentro con amigos y un espacio de mucho aprendizaje. Generalmente ese momento esperado se daba con posterioridad a la salida del colegio. Interesada por la labor comunitaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, a los 11 años participó de “Lideritos”, programa de formación de niños de la institución. Fue integrante de la primera promoción y luego continuó su capacitación, certificando años después como líder joven de institución.
La participación en los programas de liderato de la Asociación, además de constituir un aporte a su desarrollo personal la convocó a llevar a cabo destacadas tareas de colaboración en las colonias de vacaciones, campamentos y centros turísticos de la de la institución. Reconoce que estas experiencias fueron de gran utilidad y estímulo para su vocación hacia el magisterio, carrera actualmente en curso. En la actualidad, María Belén es socia activa e integra como dirigente la Asamblea de la institución. Hoy, a pesar de sus obligaciones que no le dejan mucho tiempo disponible, siempre encuentra lugar para brindarse y participar activamente en diferentes proyectos que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA lleva adelante.
La Asociación no es un club, afirma. Por sí misma encontró la diferencia sobre la frase que generalmente escuchaba en forma repetida. Agrega que a medida que uno/a comienza a involucrarse con la institución la respuesta viene sola. María Belén nos cuenta que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA le permitió desarrollar una capacidad de reflexión no común para una adolescente y hacerse de muchos amigos. Compartir su tiempo con personas que aún teniendo diferentes puntos de vista a los de ella nunca abandonaron la actitud de diálogo, la favoreció para valorar las cosas y los hechos con amplitud de criterio y visión positiva.
Según ella, cada uno tiene que encontrarle el sentido a su vida. Hacerlo nos permitirá tener la fuerza necesaria para provocar los cambios necesarios, orientados a construir una sociedad más justa e inclusiva.
A medida que fue ganando años y altura, la institución llegó a ser su natural lugar de encuentro con amigos y un espacio de mucho aprendizaje. Generalmente ese momento esperado se daba con posterioridad a la salida del colegio. Interesada por la labor comunitaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, a los 11 años participó de “Lideritos”, programa de formación de niños de la institución. Fue integrante de la primera promoción y luego continuó su capacitación, certificando años después como líder joven de institución.
La participación en los programas de liderato de la Asociación, además de constituir un aporte a su desarrollo personal la convocó a llevar a cabo destacadas tareas de colaboración en las colonias de vacaciones, campamentos y centros turísticos de la de la institución. Reconoce que estas experiencias fueron de gran utilidad y estímulo para su vocación hacia el magisterio, carrera actualmente en curso. En la actualidad, María Belén es socia activa e integra como dirigente la Asamblea de la institución. Hoy, a pesar de sus obligaciones que no le dejan mucho tiempo disponible, siempre encuentra lugar para brindarse y participar activamente en diferentes proyectos que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA lleva adelante.
La Asociación no es un club, afirma. Por sí misma encontró la diferencia sobre la frase que generalmente escuchaba en forma repetida. Agrega que a medida que uno/a comienza a involucrarse con la institución la respuesta viene sola. María Belén nos cuenta que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA le permitió desarrollar una capacidad de reflexión no común para una adolescente y hacerse de muchos amigos. Compartir su tiempo con personas que aún teniendo diferentes puntos de vista a los de ella nunca abandonaron la actitud de diálogo, la favoreció para valorar las cosas y los hechos con amplitud de criterio y visión positiva.
Según ella, cada uno tiene que encontrarle el sentido a su vida. Hacerlo nos permitirá tener la fuerza necesaria para provocar los cambios necesarios, orientados a construir una sociedad más justa e inclusiva.
sábado, 27 de febrero de 2010
Carlos González Arnáez
Socios con trayectoria y compromiso institucional
ATRAÍDO POR EL ASMA
De pequeño, Carlos venía soportando una indeseable compañía: el asma. Recuerda que durante los primeros años de colegio lo común era ir a clase un día y faltar dos. No podía descuidarse con el frío porque se afectaban sus pulmones.
Preocupados por su bienestar, sus padres pensaron que lo mejor era ingresar a un club para mejorar su condición física. Fue así como en el año 1960 ingresó a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA (con el tiempo, los padres y el propio Carlos comprendieron que la institución era mucho más que un club).
Con diez años cumplidos comenzó a participar de todas las actividades posibles en la sede central de la calle Reconquista y, esporádicamente, concurriendo los fines de semana a YMCAHUASI, el centro turístico/educativo que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA posee en la ciudad de Matheu, Partido de Escobar. Tiene muy presente esos viajes de los domingos por la mañana, donde había que levantarse muy temprano y estar a las 6,15 hs. en Retiro para tomar el tren sin escalas a Matheu. Se reunían en la estación chicos, padres y profesores que hacían el viaje disfrutando de canciones y juegos durante todo el trayecto. Al mediodía hacían un alto en las actividades y todos juntos se cruzaban a la pulpería que estaba frente a la Asociación para compartir un frugal almuerzo.
Promediando los 14 años (era la época del fútbol sentado -pasión de todos los niños y jóvenes de entonces- juego que se practicaba exclusivamente en la YMCA) se interesó por participar de la Escuela de Liderato Juvenil que desarrollaba (y continúa) la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Esto le permitió conocer mejor a la institución y consustanciarse con su Misión.
Próximo a los 17 años se animó con el básquet de los sábados por la tarde. Aún hoy duda qué fue lo más le atrajo: si dicho deporte o el tercer tiempo del grupo que al finalizar la actividad se concretaba en el bar Bremer de Corrientes y Leandro N Alem. Eran reuniones en las que abundaba la buena comida y la cerveza.
Durante los 70´ concurría a las clases de gimnasia y deportes de las 19,15 hs. (donde había tantos participantes que los ejercicios se cumplían de pié pues no había lugar para las colchonetas). Hasta que un asociado lo invitó a conocer el grupo Alba (clase así denominada pues inicia su turno a las 7 de la mañana). Desde entonces continúa participando regularmente en este horario, donde encontró según él, un fiel reflejo de lo que es la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA en cuanto a camaradería, solidaridad y principios.
Próximo a cumplir sus 50 años como asociado, afirma que toda esta vida de contacto con la Asociación le permitió no solo aprender a nadar, a disfrutar del deporte y el aire libre, a sentirse mejor y superar totalmente su asma, a crecer y cultivarse, a disfrutar de los cursos de folklore (donde los participantes viajaban a festejar el día de la tradición en el campo), a sentirse atraído por películas antiguas (que en esa época era difícil ver en otros lados), a aprender a bucear, a interesarse por la fotografía, etc., etc., sino fundamentalmente también a compartir una familia y a reconocer y disfrutar de las pequeñas y grandes cosas de la vida con amigos, moldeando de esa forma un estilo de vida en el que los valores siempre están presentes.
Preocupados por su bienestar, sus padres pensaron que lo mejor era ingresar a un club para mejorar su condición física. Fue así como en el año 1960 ingresó a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA (con el tiempo, los padres y el propio Carlos comprendieron que la institución era mucho más que un club).
Con diez años cumplidos comenzó a participar de todas las actividades posibles en la sede central de la calle Reconquista y, esporádicamente, concurriendo los fines de semana a YMCAHUASI, el centro turístico/educativo que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA posee en la ciudad de Matheu, Partido de Escobar. Tiene muy presente esos viajes de los domingos por la mañana, donde había que levantarse muy temprano y estar a las 6,15 hs. en Retiro para tomar el tren sin escalas a Matheu. Se reunían en la estación chicos, padres y profesores que hacían el viaje disfrutando de canciones y juegos durante todo el trayecto. Al mediodía hacían un alto en las actividades y todos juntos se cruzaban a la pulpería que estaba frente a la Asociación para compartir un frugal almuerzo.
Promediando los 14 años (era la época del fútbol sentado -pasión de todos los niños y jóvenes de entonces- juego que se practicaba exclusivamente en la YMCA) se interesó por participar de la Escuela de Liderato Juvenil que desarrollaba (y continúa) la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Esto le permitió conocer mejor a la institución y consustanciarse con su Misión.
Próximo a los 17 años se animó con el básquet de los sábados por la tarde. Aún hoy duda qué fue lo más le atrajo: si dicho deporte o el tercer tiempo del grupo que al finalizar la actividad se concretaba en el bar Bremer de Corrientes y Leandro N Alem. Eran reuniones en las que abundaba la buena comida y la cerveza.
Durante los 70´ concurría a las clases de gimnasia y deportes de las 19,15 hs. (donde había tantos participantes que los ejercicios se cumplían de pié pues no había lugar para las colchonetas). Hasta que un asociado lo invitó a conocer el grupo Alba (clase así denominada pues inicia su turno a las 7 de la mañana). Desde entonces continúa participando regularmente en este horario, donde encontró según él, un fiel reflejo de lo que es la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA en cuanto a camaradería, solidaridad y principios.
Próximo a cumplir sus 50 años como asociado, afirma que toda esta vida de contacto con la Asociación le permitió no solo aprender a nadar, a disfrutar del deporte y el aire libre, a sentirse mejor y superar totalmente su asma, a crecer y cultivarse, a disfrutar de los cursos de folklore (donde los participantes viajaban a festejar el día de la tradición en el campo), a sentirse atraído por películas antiguas (que en esa época era difícil ver en otros lados), a aprender a bucear, a interesarse por la fotografía, etc., etc., sino fundamentalmente también a compartir una familia y a reconocer y disfrutar de las pequeñas y grandes cosas de la vida con amigos, moldeando de esa forma un estilo de vida en el que los valores siempre están presentes.
lunes, 1 de febrero de 2010
Enrique Birbrayer
Socios con trayectoria y compromiso institucional
Enrique Birbrayer
DE SOLDADO A ASOCIADO
Enrique, en su época del servicio militar obligatorio tenía asignada la tarea de repartir correspondencia interna. En su recorrido habitual solía transitar diariamente por la calle Reconquista hacia la Av. Corrientes. Es así como sintió curiosidad por ese edificio que tenía un cartel luminoso con la inscripción YMCA y al cual entraban y salían desde temprano un considerable número de personas pulcramente vestidas.
Por su hermano y su cuñado no solo pudo enterarse qué tipo de institución era (ellos concurrían como asociados), sino que además le insistieron para que se asociara aprovechando una promoción sin cuota de ingreso y descuento en el arancel mensual para los conscriptos.
Cuando se presentó para inscribirse en la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA no lo hizo con el tradicional uniforme verde oliva, ya que él vestía diferente por ser chofer. Esto le dificultó el reconocimiento del beneficio del descuento en la cuota social. No obstante, él mismo reconoce que el problema pronto fue solucionado.
Corría el año 1954 y Enrique se encontraba bastante excedido de peso, por lo cual su primera preocupación fue qué hacer para comenzar a ponerse en forma. La clase de gimnasia de las 18,20 fue la opción inicial junto con la natación. Pero esto no era suficiente, ya que además tenía un pequeño problema bronquial.
Entonces fue cuando conoció a tres asociados fanáticos del trote (Norberto Vilar, Eduardo Ortiz y Aníbal Varela) que con una “sapiencia extrema de la medicina deportiva” le dijeron: “vení con nosotros que te vamos a curar el asma”. Lo invitaron a ir trotando desde la sede central de la calle Reconquista hasta la Av. General Paz. En el camino, Enrique, con gran esfuerzo y lamentando la decisión de aceptar la invitación, comenzó a pensar si el trío era un grupo de amigos o de enemigos. Pudo llegar hasta los bosques de Palermo y por esos milagros que no tienen una explicación clara, esa noche se le acabó la fatiga asmática y a partir de ese momento siempre durmió como un bendito.
Hoy, a pesar de su prótesis de titanio en su rodilla derecha, sigue firme todos los días haciendo remo, elíptica y se mezcla en algunas clases de gimnasia.
Siendo personal de ventas de un laboratorio, no dudó en colaborar con la acción comunitaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, logrando que la empresa realizara donaciones de productos para el Hogar de Niños de Chascomús, un excelente proyecto que había lanzado la institución.
Nos dice que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA le cambió la vida, dándole salud. Gracias a ello, hoy con sus 75 años se siente tan joven como el mejor de los atletas. Y también con muchos amigos y amigas.
No por nada, el tradicional comentario de los asociados más antiguos e integrados a la institución: “si estamos aquí, estamos bien”, también lo esgrime Enrique de manera cotidiana.
Por ello aconseja no dejar de concurrir a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y sugerir a familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc, que se hagan un tiempito y conozcan profundamente a la institución y su carácter distintivo.
Enrique Birbrayer
DE SOLDADO A ASOCIADO
Por su hermano y su cuñado no solo pudo enterarse qué tipo de institución era (ellos concurrían como asociados), sino que además le insistieron para que se asociara aprovechando una promoción sin cuota de ingreso y descuento en el arancel mensual para los conscriptos.
Cuando se presentó para inscribirse en la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA no lo hizo con el tradicional uniforme verde oliva, ya que él vestía diferente por ser chofer. Esto le dificultó el reconocimiento del beneficio del descuento en la cuota social. No obstante, él mismo reconoce que el problema pronto fue solucionado.
Corría el año 1954 y Enrique se encontraba bastante excedido de peso, por lo cual su primera preocupación fue qué hacer para comenzar a ponerse en forma. La clase de gimnasia de las 18,20 fue la opción inicial junto con la natación. Pero esto no era suficiente, ya que además tenía un pequeño problema bronquial.
Entonces fue cuando conoció a tres asociados fanáticos del trote (Norberto Vilar, Eduardo Ortiz y Aníbal Varela) que con una “sapiencia extrema de la medicina deportiva” le dijeron: “vení con nosotros que te vamos a curar el asma”. Lo invitaron a ir trotando desde la sede central de la calle Reconquista hasta la Av. General Paz. En el camino, Enrique, con gran esfuerzo y lamentando la decisión de aceptar la invitación, comenzó a pensar si el trío era un grupo de amigos o de enemigos. Pudo llegar hasta los bosques de Palermo y por esos milagros que no tienen una explicación clara, esa noche se le acabó la fatiga asmática y a partir de ese momento siempre durmió como un bendito.
Hoy, a pesar de su prótesis de titanio en su rodilla derecha, sigue firme todos los días haciendo remo, elíptica y se mezcla en algunas clases de gimnasia.
Siendo personal de ventas de un laboratorio, no dudó en colaborar con la acción comunitaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, logrando que la empresa realizara donaciones de productos para el Hogar de Niños de Chascomús, un excelente proyecto que había lanzado la institución.
Nos dice que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA le cambió la vida, dándole salud. Gracias a ello, hoy con sus 75 años se siente tan joven como el mejor de los atletas. Y también con muchos amigos y amigas.
No por nada, el tradicional comentario de los asociados más antiguos e integrados a la institución: “si estamos aquí, estamos bien”, también lo esgrime Enrique de manera cotidiana.
Por ello aconseja no dejar de concurrir a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y sugerir a familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc, que se hagan un tiempito y conozcan profundamente a la institución y su carácter distintivo.
Humberto Bertazza
Socios con trayectoria y compromiso institucional
EL SABOR DE PERTENECER
Humberto Bertazza ingresó a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA el 23 de setiembre de 1982, es decir hace 27 años. Él tenía 34 años y hoy se sorprende de la velocidad con la que el tiempo ha trascurrido. Volver atrás el almanaque no es posible. Sin embargo, los recuerdos gratos vividos hacen que se valore el pasado y se mire con optimismo el futuro.
Ingresó a la institución de la mano de un amigo y colega: Roberto Condoleo. Señala Humberto: “A él le debo descubrir este paraíso”.
Apunta que buscaba un lugar donde practicar deportes, lo que ha hecho desde chico. No obstante, por encima de todo ansiaba encontrar un ambiente en el que cultivar una red de amigos y que a la vez fuese un espacio de contención, lo que no suele darse en los clubes ni en las instituciones meramente deportivas.
En la Asociación Humberto practica básquetbol, concurre al gimnasio y toma clases de tango. Confiesa que ha hecho muchos amigos y que sigue conectado en la actualidad con muchos de ellos. Un recuerdo imborrable fue el primer día en la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA cuando lo presentaron al grupo de básquetbol: “fue como estar en casa”.
Humberto es un reconocido profesional de las ciencias económicas, con activa y reconocida participación en distintos ámbitos. Es uno de los más prestigiosos especialistas tributarios. Pero nunca ha perdido la humildad ni la vocación de servir. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA lo cuenta entre sus asesores honorarios más distinguidos.
Comparte que a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA la distinguen el ambiente, los amigos, la calidez del lugar y la necesidad que uno tiene de estar y permanecer dentro de grupos que se fortalecen a través del tiempo. A los nuevos asociados les aconseja insertarse y disfrutar del privilegio de pertenecer.
Agrega Humberto: “Luego de tantos años y obligaciones, surgen momentos en que se corta la rutina de concurrir a la institución y se abandona la actividad física y deportiva de manera transitoria. Es ahí cuando aparece el grupo que llama y pregunta por uno y hace todo lo posible e imposible para que vuelva a participar”.
“La sociedad requiere de la sumatoria de lo que hagamos cada uno de nosotros”, enfatiza. “En nuestro metro cuadrado tenemos que apostar por nosotros, por el prójimo y por el país. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, concluye, es nuestro metro cuadrado”.
EL SABOR DE PERTENECER
Ingresó a la institución de la mano de un amigo y colega: Roberto Condoleo. Señala Humberto: “A él le debo descubrir este paraíso”.
Apunta que buscaba un lugar donde practicar deportes, lo que ha hecho desde chico. No obstante, por encima de todo ansiaba encontrar un ambiente en el que cultivar una red de amigos y que a la vez fuese un espacio de contención, lo que no suele darse en los clubes ni en las instituciones meramente deportivas.
En la Asociación Humberto practica básquetbol, concurre al gimnasio y toma clases de tango. Confiesa que ha hecho muchos amigos y que sigue conectado en la actualidad con muchos de ellos. Un recuerdo imborrable fue el primer día en la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA cuando lo presentaron al grupo de básquetbol: “fue como estar en casa”.
Humberto es un reconocido profesional de las ciencias económicas, con activa y reconocida participación en distintos ámbitos. Es uno de los más prestigiosos especialistas tributarios. Pero nunca ha perdido la humildad ni la vocación de servir. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA lo cuenta entre sus asesores honorarios más distinguidos.
Comparte que a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA la distinguen el ambiente, los amigos, la calidez del lugar y la necesidad que uno tiene de estar y permanecer dentro de grupos que se fortalecen a través del tiempo. A los nuevos asociados les aconseja insertarse y disfrutar del privilegio de pertenecer.
Agrega Humberto: “Luego de tantos años y obligaciones, surgen momentos en que se corta la rutina de concurrir a la institución y se abandona la actividad física y deportiva de manera transitoria. Es ahí cuando aparece el grupo que llama y pregunta por uno y hace todo lo posible e imposible para que vuelva a participar”.
“La sociedad requiere de la sumatoria de lo que hagamos cada uno de nosotros”, enfatiza. “En nuestro metro cuadrado tenemos que apostar por nosotros, por el prójimo y por el país. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, concluye, es nuestro metro cuadrado”.
viernes, 1 de enero de 2010
Menciones anteriores
| AÑO 4 (2009) |
| Oscar Barude |
| Eduardo Ortiz |
| Antonio Álvarez |
| Roberto Modarelli |
| Horacio Puente |
| Eduardo Florio |
| Lidia González de Corrada |
| Fernando Petitti |
| Julio Goldman |
| Cecilia Furlong |
| Humberto Bertazza |
| AÑO 3 (2008) |
| Hugo Gutierrez de Simone |
| Enrique Kellner |
| Nancy Di Perna |
| Juan Olivero |
| Eduardo Cavalieri |
| José Luis Zanetti |
| Alberto A. Gonzalez |
| Eduardo Ibichian |
| José Melidone |
| Antonio Savarese |
| AÑO 2 (2007) |
| Jorge Morales |
| Marianela Danese |
| Roberto Lugueri |
| Juan M. Gregorio |
| Abraham Feldman |
| Edgardo Form |
| Elsa Zocca |
| José Saleh |
| Jorge Todesca |
| Manuel Mora y Araujo |
| Osvaldo Pérez Cortés |
| AÑO 1 (2006) |
| Andrés Vila |
| Manuel Ardura |
| Simón Drukaroff |
| Silvio Midlin |
| Sarita Orri |
| Enrique Dayán |
| Mario Hellman |
| Luis Sedler |
| Norberto Vilar |
jueves, 26 de noviembre de 2009
Cecilia Furlong
La fuerza de un emblema que se refleja en los hechos
De manera fortuita, transcurriendo el año 1996, Cecilia sintió curiosidad por el logo estampado en la remera de una persona, lo que la llevó a consultarla por su significado. Se trataba del símbolo de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. De la charla extendida surgió su interés por asociar a su hijo de tres años a ésa institución de la que tan bien había escuchado hablar. Luego, compartiendo la idea con su esposo, éste le comentó que en su adolescencia había concurrido durante muchos años a la sede central de la institución, en la que solía practicar fútbol de salón. Sin pensarlo, concurrieron a la sede Parque, en el barrio de Soldati, y asociaron a Gustavo. A los pocos meses hizo lo propio su esposo y finalmente ella misma.
Sus primeras actividades, además de cuidar al niño que correteaba por todo el predio y a su esposo que devoraba facturas en uno de los quinchos, fueron la natación y la gimnasia, acompañadas por las tardes de sol y mate con amigas que rápidamente supo ganar.
Tiene dos anécdotas para compartir. La primera, graciosa por la confusión, se refiere a su padre. Éste, de tanto escucharla nombrar a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y tomar conocimiento que ella y su familia habían visitado las sedes de Uruguay y Brasil, lo llevó un día a plantearle: “hija, no me avisaste que te hiciste evangelista”. Al conocer la realidad y salvar la confusión inicial, su padre, que investigaba todo, al poco tiempo sabía más de la institución que ella y se convirtió en admirador del trabajo que realizaban los colaboradores voluntarios, entre ellos la propia Cecilia.
La segunda anécdota data de una prima que creía radicada en Irlanda y con la que había perdido todo contacto. Un día recibió un email de ella diciéndole que estaba viviendo en Canadá y que había podido comunicarse con ella gracias a la YMCA, pues habiendo recordado que era socia de la misma en la Argentina, con la ayuda de la institución logró ubicarla.
Integrar el grupo de apoyo de natación en la sede Parque fue su primera experiencia como colaboradora voluntaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Luego le siguió el Consejo Consultivo de la misma asede y el Comité de Cultura, a través del cual se llevaron a cabo varios proyectos socioculturales, entre ellos la creación de la biblioteca, todo un orgullo para la institución. Precisamente, este proyecto la motivó a capacitarse en el tema y lograr que a fines del corriente año este recibiendo su título de Bibliotecaria.
Afirma que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA le permitió adquirir un adecuado estado físico, mejorar su calidad de vida, tener una visión de los acontecimientos con espíritu crítico y compartir con cientos de amigos. Actualmente es la extensión de su casa.
A modo de consejo de vida sugiere respetar y hacer respetar los propios derechos y el de los demás, teniendo el valor de afirmarlos en cualquier circunstancia cuando fuese necesario. También, realizar actividad física diariamente por cuanto contribuye a mejorar la salud y el alma. Igualmente, brindar ayuda a los más necesitados, y no sólo con la palabra sino con hechos. No desfallecer y seguir trabajando duro con la esperanza de poder dejar a los niños y adolescentes un futuro mejor como país. Y, finalmente, que los/as asociados/as sigan concurriendo a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y serán felices.
Sus primeras actividades, además de cuidar al niño que correteaba por todo el predio y a su esposo que devoraba facturas en uno de los quinchos, fueron la natación y la gimnasia, acompañadas por las tardes de sol y mate con amigas que rápidamente supo ganar.
Tiene dos anécdotas para compartir. La primera, graciosa por la confusión, se refiere a su padre. Éste, de tanto escucharla nombrar a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y tomar conocimiento que ella y su familia habían visitado las sedes de Uruguay y Brasil, lo llevó un día a plantearle: “hija, no me avisaste que te hiciste evangelista”. Al conocer la realidad y salvar la confusión inicial, su padre, que investigaba todo, al poco tiempo sabía más de la institución que ella y se convirtió en admirador del trabajo que realizaban los colaboradores voluntarios, entre ellos la propia Cecilia.
La segunda anécdota data de una prima que creía radicada en Irlanda y con la que había perdido todo contacto. Un día recibió un email de ella diciéndole que estaba viviendo en Canadá y que había podido comunicarse con ella gracias a la YMCA, pues habiendo recordado que era socia de la misma en la Argentina, con la ayuda de la institución logró ubicarla.
Integrar el grupo de apoyo de natación en la sede Parque fue su primera experiencia como colaboradora voluntaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA. Luego le siguió el Consejo Consultivo de la misma asede y el Comité de Cultura, a través del cual se llevaron a cabo varios proyectos socioculturales, entre ellos la creación de la biblioteca, todo un orgullo para la institución. Precisamente, este proyecto la motivó a capacitarse en el tema y lograr que a fines del corriente año este recibiendo su título de Bibliotecaria.
Afirma que la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA le permitió adquirir un adecuado estado físico, mejorar su calidad de vida, tener una visión de los acontecimientos con espíritu crítico y compartir con cientos de amigos. Actualmente es la extensión de su casa.
A modo de consejo de vida sugiere respetar y hacer respetar los propios derechos y el de los demás, teniendo el valor de afirmarlos en cualquier circunstancia cuando fuese necesario. También, realizar actividad física diariamente por cuanto contribuye a mejorar la salud y el alma. Igualmente, brindar ayuda a los más necesitados, y no sólo con la palabra sino con hechos. No desfallecer y seguir trabajando duro con la esperanza de poder dejar a los niños y adolescentes un futuro mejor como país. Y, finalmente, que los/as asociados/as sigan concurriendo a la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA y serán felices.
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